«Papa, ¿por qué no pueden poner mi medicina para el asma en un bote de aerosol, como hacen con la laca para el pelo?».

Esta fue la pregunta que Susie Mason, una niña estadounidense de 13 años con asma severo, le hizo a su padre en los años 50.

Afortunadamente para Susi, George Maison, su padre, era presidente de una compañía farmacéutica (Laboratorios Riker).

Y la investigación que comisionó en 1956 a tres científicos para satisfacer el deseo de su hija dio como resultado el inhalador moderno, un dispositivo que se utiliza en todo el mundo para administrar dosis controladas de un fármaco para el asma que llega directamente a los pulmones, con solo presionar un botón.

Según la Organización Mundial de la Salud, el asma es la enfermedad no contagiosa más común en los niños. Se estima que más de 300 millones de personas sufren de asma en el mundo.

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